En la línea anterior, ¿en qué parte del camino una tecnología social -como lo es el actual sistema económico y financiero- ha pasado a poseer atributos cuasi-divinos? No es la naturaleza de los estoicos. Conviene poner de relieve de manera infatigable esta realidad: el actual statu quo vigente está desprovisto de atributos divinos, no hay nada de inexorable en él salvo su necesidad de parecerlo para pervivir.
Quizás por ello, el gran reto de todo proyecto que quiera atacar en origen la percepción social de estos lugares comunes consista en generar pequeños cambios sociales desde la iniciativa civil a modo de microcambios foucaultianos 1. Partiendo de este supuesto provisional parece lícito trabajar la solidaridad como idea práctica, enfocando todo su poder de convocatoria al nicho natural del que se ha desterrado deliberadamente, a saber, el propio sistema que la ha rebajado mediante la normalización de la indiferencia -indiferencia, recordemos, fundada en la pretendida inexorabilidad del paradigma vigente-.
La sociedad civil ha padecido la inoculación de la indiferencia desde el propio sistema. Esta circunstancia que ha causado una merma notable en su potencial solidaridad hasta el punto de verla totalmente desterrada de la cotidianeidad. Esa es la dialéctica que debe combatir un proyecto de cooperación de esta naturaleza: reconducir la solidaridad a su ámbito natural, la cotidianeidad de la vida de cada ciudadano y ciudadana, sin que ello, naturalmente, deje en un segundo plano la excepcionalidad de la misma, donde como hemos visto la sociedad civil pone a prueba su catadura moral y ética de manera exitosa -i.e., Campañas de Ayuda en Emergencia, etc.-.
Llegados a este punto debemos plantearnos la siguiente pregunta, ¿de qué modo la sociedad civil puede poner a prueba internamente su catadura moral y ética, su solidaridad? Galón Ciudadano propone combatir en origen la excepcionalidad de la solidaridad, ofreciendo la posibilidad a todo ciudadano y ciudadana de enfrentarse al dilema moral y ético que genera el propio sistema internamente, normalizando la solidaridad en la vida diaria de cada uno de nosotros 2. Para ello es preciso interiorizar desde una perspectiva crítica la siguiente afirmación: nuestro privilegio occidental se sustenta en la necesidad forzada -artificial- en cientos de millones de personas. Del mismo modo, debemos interiorizar que la propia transacción comercial nos puede proporcionar a todos la oportunidad de canjear solidariamente nuestro privilegio, re-invertir nuestro cambio de acuerdo a la lógica de mercado que ha conducido a la pobreza y ausencia de futuro más extremos a más de tres cuartas partes de la población mundial.
2Como es conocido, de acuerdo con este planteamiento, existen numerosas iniciativas en el ámbito de la Cooperación al Desarrollo que de manera aislada, consciente o inconscientemente, desarrollan estrategias sui generis de cambio. El comercio justo, el renovado trueque, etc... parecen caminar en este sentido hacia paradigmas que bien podrían ser encuadrados en este marco. Sin embargo, parecen demostrarse insuficientes dado su carácter eminentemente local, en tanto en cuanto no atacan de raíz el problema fundamental, esto es, no consiguen normalizar la solidaridad en el conjunto de la sociedad civil.
